La ropa de gustar, la vincha, el cinturón,
los brazaletes, se los calza y sale
a repartir destellos por el país que quiso
convertirla en leyenda. Encantadora es.
Inapelable.
Nada de música o estrellas, nada
de campanas. Cuando ella pasa, el mundo
es una chica americana. Su belleza
se mide en la futilidad de un gesto:
como arma letal, un avión invisible.
Sufre por ser tan fuerte y no poder
perder un brazo, el corazón
en una balacera. Sufre
porque no ama, y es ése
el aire que le falta.
Sueño con tener un recuerdo junto a ella
por ejemplo: la experiencia de los dos
en el fotomatón. Como prueba inobjetable,
una historia de amor en cuatro cuadros
para llevar en el bolsillo
del corazón de la chaqueta.
Su mayor certeza no la obtiene
de la verdad del lazo. Lo que importa
lo sabe por lo que lleva
perdido.
No cuenta lo que haga, en la lucha
o recostada en un sillón, todo el tiempo,
parece que su traje va a ceder. No es la furia
de la carne suspendida, es el corazón
que late.
Agitada, la vedette se deja ver
después de la rutina. La boca,
el cuello, el pelo suelto. Está en todo
lo que digo, está en lo que todavía
espero.
~ Más heroínas, villanos y superhéroes en La fuerza (2001), Editorial Bajo la luna, primer y único libro -hasta ahora- de Hernán La Greca. También en Internet.
Autor: Desconocido
Categorías: diseño
Etiquetas:


Comentar.